La mercantilización del impacto territorial: los Bancos de Conservación en la Ley de Evaluación Ambiental

El pasado día 13 de junio el secretario de Estado de Medio Ambiente, Federico Ramos, presentaba  el anteproyecto de la ley de evaluación ambiental. Una ley que fusiona en un solo documento la legislación sobre la evaluación de proyectos y la de planes y programas con el objetivo de, según la exposición de motivos del proyecto de ley, ser un instrumento eficaz para la protección medioambiental, simplificar el procedimiento de evaluación ambiental, homogeneizar la legislación ambiental en las distintas comunidades autónomas, así como reducir las cargas administrativas que soportan las empresas. En el proyecto, destaca también la aparición de una nueva lógica respecto a la gestión del daño ambiental, que pasa a tratarse como un producto de intercambio entre lugares distantes, incorporando así una visión del  territorio como suma de pedazos aislados.

Los bancos de Conservación de la Naturaleza

Una de las herramientas que el proyecto de ley contempla para la protección medioambiental, concretamente en su disposición adicional séptima, son los Bancos de Conservación de la naturaleza. El funcionamiento de estos bancos sería el siguiente: Si usted tiene un terreno, forestal por ejemplo, que no le produce ningún beneficio económico significativo, usted podrá invertir en la realización de algunas actuaciones que supongan “la mejora o la creación” de “activos naturales” en ese terreno. Vamos a imaginar el caso de un espacio forestal después de un incendio. Si el propietario del bosque invierte en la restauración del ecosistema estará mejorando los activos naturales de su finca. “Activo” en el sentido más financiero del término.

El proyecto de ley no aclara como se acreditará la mejora ambiental, ni su mantenimiento a largo plazo. Pero con esa inversión en “activos naturales” realizada, usted podrá acudir al ministerio competente en materia de medio ambiente, podrá registrar la mejora en el banco y canjearla por “títulos ambientales”. Con los títulos en sus manos, ya sólo le quedará ofrecerlos en el mercado libre y esperar a que los promotores de algún proyecto de transformación territorial en algun lugar los necesiten para compensar los activos naturales que dicho proyecto pueda comprometer. Cuando eso ocurra, la “mano invisible” se encargará de ofrecerle a usted un buen precio que compense su inversión y le ofrezca algún beneficio. Y aquí aparece una de las primeras paradojas: las personas más interesadas en que se desarrollen proyectos agresivos que se puedan compensar con los “activos ambientales” serán justamente las personas que hayan realizado alguna inversión en “activos ambientales”.

No sabemos con certeza lo que pasaría si la finca accidentalmente se quemara otra vez (la propiedad podría volver a realizar la operación de inversión y titulación?) ya que un caso como este no se especifica, pero es muy posible que este banco de hábitats otorgue un nuevo “valor” de cambio a los bosques quemados, justamente, los más susceptibles de ser mejorados ambientalmente.

Veamos que lectura territorial se le puede dar a este banco hábitats.

Territorios intercambiables

En primer lugar, según se desprende del texto, cada terreno susceptible de ser mejorado ambientalmente,  o por el contrario de ser transformado urbanísticamente, puede tener una traducción económica (vía títulos) en base a sus “valores naturales”. Esto quiere decir que, en función de esos “valores naturales”, los territorios tendrán un precio de transformación (a pagar para comprar títulos) y un precio de mejoras (a cobrar en vender títulos).

Con esta lógica se olvidan los valores sociales, recreativos, identitarios, etc. de los espacios abiertos. Siguiendo con los ejemplos prácticos, nos podríamos encontrar con espacios abiertos metropolitanos que sean ambientalmente mediocres pero con un elevado valor estratégico desde otros puntos de vista. En este caso, la urbanización de ese espacio con pocos “valores naturales” pero quizás con elevado interés social o de conectividad de la malla territorial, resultaría relativamente barata de compensar comprando unos pocos títulos de alguna finca mejorada en algún lugar con mucha menor presión urbanística. Este mecanismo podría poner en duda la conservación de muchos paisajes metropolitanos no urbanizados y económicamente muy golosos. Preguntémonos si puede intercambiarse el valor estratégico de un espacio abierto como el de Gallecs en la comarca del Vallès por el de una finca similar en la Alta Segarra. Vemos pues, como se establece una lógica unidimensional en la creación de esos precios, la del “valor natural” del suelo.

Font: http://www.aravalles.cat/noticia/1383/gallecs

Gallecs.  Font:  http://www.aravalles.cat/noticia/1383/gallecs

Espacio rural en el municipio de Pujalt (Anoia)

La lógica impuesta por este banco de hábitats, además rompe con la idea de que los espacios abiertos son también una infraestructura territorial, como por ejemplo, la red de espacios abiertos dibujada en el Pla Territorial Metropolità de Barcelona. Es decir, mediante el banco, si un proyecto de transformación territorial requiere alzarse sobre algún corredor, rompiendo esa malla, la compensación con los títulos únicamente compensaría por el perjuicio sobre el fragmento de territorio transformado, como si este hecho no perjudicase a la totalidad de la malla. Porque, encontraríamos razonable que se pudiese cortar la ronda litoral de Barcelona para alzar un centro comercial a cambio de reconstruir el pedacito de ronda cortado en Olot? Y es que una de las peores ideas que subyace en banco de hábitats es la de que los territorios son intercambiables, que no importa el dónde, que la geografía no existe. El dinero puede viajar por el ciberespacio global, pero el territorio no.

Si pagas, puedes destruir

Supuestamente, se pretende internalizar el coste ambiental, “quien contamina paga”, aunque también está el “si pagas puedes contaminar”. Puede suceder, simplemente, que en los espacios con más “valor natural” se ubiquen aquellos proyectos capaces de crear la plusvalía necesaria como para compensar esa pérdida de “valor natural”. Es decir, que los usos más lucrativos que tengan especial interés en determinadas localizaciones lo podrán seguir haciendo. Se tratará de un proceso más de localización de usos del suelo en función de las rentas urbanas, en este caso, también de las “rentas naturales”.  

Vemos pues, como el mecanismo de libre mercado plantea muchas dudas respecto a su eficacia sobre los supuestos objetivos ambientalmente proteccionistas de la ley. Porque el quid de la cuestión no es el “valor natural” del espacio abierto sino la capacidad del proyecto de turno de compensar ese valor. En este sentido, llama la atención que en la descripción del banco de hábitats o de “conservación de la naturaleza” siguiendo la terminología del proyecto de ley, se incluya la siguiente frase:

“Se entiende por mantenimiento neto de un valor natural la situación en la que los efectos negativos ocasionados a un valor natural, especialmente a una especie o hábitat protegidos, son equilibrados por los efectos positivos generados sobre el mismo o semejante valor natural, en un lugar o zona diferente”

Con esto se da a entender que los espacios protegidos son también susceptibles de ser transformados, aunque salga algo más caro.

El objetivo del banco de hábitats del proyecto de ley es ser un “instrumento eficaz para la protección medioambiental”, con la fe de que el mercado por sí mismo será capaz de crear el sistema más eficiente de protección de los espacios ambientalmente valiosos, incorporando un sobrecoste que desincentiva su transformación para que, eventualmente, se realice en otro lugar con menor valor ambiental. Pero el mecanismo de libre mercado que se propone se muestra inoperante para cumplir su objetivo. El “instrumento más eficaz para la protección ambiental” es al fin y al cabo la ordenación y planificación del territorio, dado que esta incorpora la visión integral y compleja del mismo. Lejos de proteger aquellos espacios más sometidos a la presión urbanizadora, el proyecto de ley crea un mecanismo que facilita que los territorios con más expectativas de plusvalía pierdan sus espacios abiertos estratégicos, toda una infraestructura territorial de primer orden.   

Alfons Recio Raja

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2 responses to “La mercantilización del impacto territorial: los Bancos de Conservación en la Ley de Evaluación Ambiental

  1. Gràcies per l’article! Fa unes setmanes vaig anar a una conferència a la UAB de la geògrafa Rebecca Lave sobre aquest tema, que ja funciona des de fa temps als Estats Units amb resultats bastant inquietants. Us passo el resum de la conferència per qui li interessi:

    Marketing Environmental Science and Management: Stream Mitigation Banking in the U.S.
    Rebecca Lave
    Department of Geography, Indiana University

    Market-based approaches to environmental management are increasingly common. In 1983 when Joeres and David published their pioneering collection, Buying a Better Environment, the concept was seen as at best novel, and at worst far-fetched. Yet today, conservation and water quality credits are for sale in many developed countries, and the idea of payment for ecosystem services is ubiquitous in environmental policy circles. This paper traces that shift from command and control to market-based management and its ecological and policy consequences through analysis of the emerging practice of stream mitigation banking in the U.S. In the most common form of stream mitigation banking (SMB), a for-profit company (often backed by venture capital) buys land with a damaged stream on it and restores it to produce mitigation credits which can then be purchased by developers to fulfill their permit conditions under the Clean Water Act. Entrepreneurial SMB began in 2000, and has since spread rapidly across the U.S. with the strong support of the U.S. Environmental Protection Agency. Drawing on data from document analysis, interviews, and geomorphic fieldwork conducted from 2010 through 2013, I argue that while mitigation bankers have made several key interventions in the development of SMB policy, market forces have not dominated the policy-making process to the extent one might expect. Even so, their influence is clearly visible on the ground in the homogenization of channel form across the U.S. For streams, at least, there is a clear landscape signature of market-based environmental management.

  2. Estoy feliz de encontrar posts donde leer informacion tan practica como esta. Gracias por poner este articulo.

    Saludos

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